Dilema ético en la toma de decisiones tecnológicas e informáticas
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Actos Humanos, Libertad y Dilemas Éticos en la Tecnología

Análisis de decisiones éticas: actos del hombre vs actos humanos voluntarios, consentimiento, privacidad de datos y dilemas en algoritmos de IA.

📌 En síntesis: Análisis de decisiones éticas: actos del hombre vs actos humanos voluntarios, consentimiento, privacidad de datos y dilemas en algoritmos de IA.

Guía técnica desarrollada por el equipo de Proyecto Luna para formación profesional y consulta técnica abierta.


Introducción El presente apunte se estructura en torno a dos temas fundamentales: “Actos del Hombre y Actos Humanos” y “La Moral como una Actividad Racional y Voluntaria”. Estas secciones abordarán aspectos esenciales de la ética y la conducta humana, destacando la distinción entre actos humanos y actos del hombre, así como la relevancia de la conciencia y la moral en la toma de decisiones éticas. En la primera sección, exploraremos la dualidad de acciones en el ámbito humano, diferenciando los actos humanos, donde interviene la razón y la voluntad, de los actos del hombre, que surgen de manera instintiva. Se ahondará en la noción de voluntad como facultad racional orientada hacia la elección de un bien conocido, destacando la esencialidad de la libertad y la responsabilidad moral en cada acción. Además, se examinarán los elementos que influyen en la responsabilidad de los actos humanos, como la ignorancia, las presiones externas y las pasiones. La segunda sección se centrará en la conciencia como capacidad de conocimiento y juicio, delineando su papel en la evaluación ética de las acciones. Se explorará la importancia de la conciencia antes y después de un acto, así como su función como juez ético. Se introducirá el concepto de criterio moral, diferenciando entre criterio objetivo y subjetivo, y se analizará la conciencia errónea y los diferentes tipos de conciencia. Posteriormente, abordaremos el tema de los hábitos y su impacto en la configuración de la naturaleza humana. Se destacará la influencia de los hábitos en acercarnos o alejarnos de nuestro fin propio, y se discutirá cómo se adquieren mediante el constante ejercicio de actos. Se resaltará la importancia de la constancia en la práctica de acciones virtuosas para cultivar hábitos positivos.

Finalmente, se presentará la estructura del acto moral, resaltando la importancia de diversos elementos como el sujeto moral, la motivación, el fin del acto, la toma de decisión, los medios y las circunstancias. Este marco permitirá analizar de manera integral la naturaleza compleja de cada acto moral, evidenciando la interrelación entre lo subjetivo y lo objetivo.

  1. Actos del hombre y actos humanos En el ámbito humano, coexisten dos categorías de acciones según : los actos humanos, donde interviene la razón y la voluntad, tales como escribir, dialogar, ayudar o incluso golpear a alguien; y los actos del hombre, que surgen de manera instintiva y espontánea, como parpadear y respirar, siendo compartidos en su mayoría con otras especies animales. La comprensión de los actos humanos se fundamenta en la noción de voluntad, una facultad racional que se orienta hacia la elección de un bien ya conocido. La libertad se concibe como la capacidad de elegir aquello que contribuye a nuestra perfección personal. No obstante, cada acción emprendida con voluntad y libertad conlleva responsabilidad moral, implicando el reconocimiento y asunción de las consecuencias. La razón nos permite conocer el fin, mientras que la voluntad nos dirige hacia él. Solo las acciones conscientes y libremente elegidas pueden ser calificadas éticamente como buenas o malas. Para que una acción sea verdaderamente libre y voluntaria, es necesario el conocimiento del fin deseado y la presencia de voluntariedad en la acción misma. Diversos elementos influyen en la responsabilidad de los actos humanos. En el plano del conocimiento, la ignorancia, ya sea vencible o invencible, juega un papel determinante. En cuanto a la voluntariedad, las presiones externas, como los movimientos del apetito sensitivo, pueden influir en las decisiones, inclinándonos hacia bienes sensibles que no coinciden con el bien integral del ser humano. Las pasiones, el miedo y la violencia son factores adicionales que inciden en la responsabilidad de las acciones. Las pasiones pueden nublar el conocimiento de la realidad, el miedo introduce una dimensión de acción mixta, y la violencia, aunque obliga a seguir un orden contrario a la inclinación natural, no extingue la voluntad interior.

En última instancia, la ética de las acciones humanas se entrelaza con la capacidad de discernir, elegir y asumir las consecuencias de nuestros actos. 1.1. Acto humano y su carácter ético Dado que el hombre es un ser espiritual, realiza acciones por sí mismo, de las que puede y debe ser responsable. Un ejemplo es que, si Juan me grita de mala manera, evidentemente le puedo pedir explicaciones de su conducta. ¿Y por qué se las puedo pedir? Porque él es el autor de sus actos y puede dar respuesta de ellos. La razón de esto es que el hombre no está determinado en sus acciones por el instinto o la biología, sino que es él quien decide cómo operar, precisamente porque puede ser dueño de sus actos, es decir, es un ser libre y consciente. Los actos así realizados, en los que entran en juego la razón y la voluntad personales, son llamados por actos humanos. Estos se diferencian de otro tipo de acciones que se producen en el hombre pero que no brotan de su decisión, sino más bien del instinto, por lo que constituyen actos reflejos, como el parpadear, la circulación de la sangre o mover la mano para apartar una mosca que se interpone en la visión. A estos actos les llama actos del hombre y de ellos no somos propiamente responsables porque no nacen de la libre voluntad. Así, es claro que solo somos responsables de aquellos actos que brotan de las decisiones que hemos elegido realizar y no de lo que realizamos sin elegir. Por la razón conocemos el fin [el para qué] y por la voluntad nos movemos hacia él. Estas acciones, conscientes y libremente elegidas son las únicas que se puede calificar de buenas o malas y, por lo mismo, son de tipo ético. Solo el ser libre y racional protagoniza una existencia de tipo ética y es susceptible de hacerse bueno o malo a través de sus acciones.

Para que una acción sea plenamente libre o voluntaria debe cumplir dos condiciones: primero, que haya conocimiento del fin querido y de la condición ética o moralidad de tal fin, y; segundo, que haya voluntariedad, es decir, que la acción nazca de una decisión libre. De lo dicho, concluimos que en todo acto humano se presentan las siguientes características: ✦Procede de un principio intrínseco, es decir, tiene su origen en las facultades espirituales de la persona: entendimiento y voluntad. ✦Debe existir conocimiento formal del fin (aquello en función de lo cual el sujeto realiza la acción) así como de su valoración ética. ✦El fin por el que se realiza tal acción es querido como un bien, de tal manera que la decisión nace de la voluntariedad de la persona. De tal forma, el acto humano, para ser libre, ha de ser realizado con conocimiento y voluntariedad como requisitos mínimos. Ahora bien, en la medida en que algunas de estas características sufren alguna influencia, el mismo acto se modifica y, como consecuencia de ello, la responsabilidad de la persona también lo hace. Y así, a mayor conocimiento, más conciencia de los actos y mayor responsabilidad frente a ellos y sus consecuencias, mientras que, a menor conocimiento, también la elección será más deficiente y, por tanto, disminuirá la responsabilidad. Del mismo modo, a más voluntariedad aumentará la libertad y la responsabilidad, mientras que disminuirá cuando la voluntad se vea dificultada o impedida por alguna causa. (Gómez De Pedro, Pereda y Franco. (2014). Fundamentación tomista de la ética profesional. CET, Santiago de Chile).

  1. La moral como una actividad racional y voluntaria La conciencia como la capacidad de conocimiento y juicio, se manifiesta de manera particular en el querer voluntario y en el sentir afectivo. Este aspecto de la consciencia nos recuerda nuestra identidad y el potencial al que podemos aspirar. Su papel es crucial en la evaluación ética de nuestras acciones, ya que da testimonio tanto antes como después de un acto. Antes de actuar, la conciencia nos dirige y advierte sobre lo que estamos por realizar. Después de haber realizado la acción, la conciencia da su testimonio sobre el acto. Además, actúa como juez ético, calificando las acciones como buenas o malas. Así, cuando algo es considerado malo, la conciencia acusa, mientras que cuando es bueno, la conciencia avala. Ella también incita o liga, según juzgue si algo debe o no hacerse, y remuerde, excusa o acusa al evaluar si una acción estuvo bien o mal. El concepto de criterio moral se desglosa en dos dimensiones. Por un lado, el criterio objetivo, arraigado en la realidad y en la situación objetiva que el sujeto enfrenta al actuar. Por otro lado, el criterio subjetivo emerge en la conciencia moral y dicta la actuación del individuo. La conciencia errónea refiere a juicios que no coinciden con la bondad o maldad objetiva de la situación. Puede surgir debido a fallas en la educación de principios morales universales, incapacidad para inferir correctamente cómo obrar o simplemente la ignorancia sobre cómo se debe actuar en determinada situación. Existen varios tipos de conciencia: la conciencia verdadera juzga de acuerdo con la verdad moral, mientras que la conciencia falsa no coincide en su juicio con el bien objetivo. La conciencia escrupulosa tiende a juzgar toda acción como mala, mientras que la conciencia laxa difumina la línea entre el bien y el mal, justificando cualquier acción como buena.

2.1. Los hábitos Nuestro actuar ejerce una influencia significativa en la configuración de nuestra naturaleza en una doble dirección. Por un lado, puede acercarnos a nuestro fin propio, el de alcanzar la perfección, y por otro lado, puede alejarnos de este, tornándonos más imperfectos. La clave en esta dinámica radica en los hábitos, que predisponen a nuestras facultades a actuar en una dirección determinada. Si dicha disposición perfecciona la naturaleza, el hábito se clasifica como virtud; en cambio, si desvía a la persona de su fin al inclinarse hacia lo que no es acorde con su naturaleza, se considera un vicio. Es importante destacar que los hábitos no son innatos, sino que se adquieren mediante el constante ejercicio de ciertos actos. La virtud y el vicio, en consecuencia, son conquistas derivadas de nuestro actuar. Nadie nace virtuoso o vicioso, sino que estos rasgos se forjan a lo largo del tiempo a través de nuestras acciones y elecciones. La adquisición de un vicio, curiosamente, no demanda una acción activa, sino más bien la omisión de realizar el bien. En otras palabras, para desarrollar un vicio, basta con abstenerse de realizar acciones virtuosas, incluso aquellas que podrían requerir un esfuerzo aparentemente menor. Esta noción destaca la importancia de la constancia en la práctica de acciones virtuosas para cultivar hábitos positivos y, de forma contraria, resalta cómo la inacción puede conducir a la formación de hábitos perjudiciales. La estructura del acto moral. El acto moral es una totalidad o unidad indisoluble de diversos aspectos o elementos: motivo, fin, medios, resultados y consecuencias objetivas. Lo subjetivo y lo objetivo son aquí como dos caras de la misma medalla. El acto moral no puede ser reducido a uno de sus elementos, sino que está en todos ellos, en su unidad y relaciones mutuas. (Sánchez Vázquez, A. Ética, La estructura del acto moral, Barcelona, 1978, p. 78)

Estructura que permite analizar un acto moral:

Figura 1: Estructura de un acto moral  Fuente: Sánches Vásquez, A., 1978. Figura 1: Estructura de un acto moral Fuente: Sánches Vásquez, A., 1978.

El sujeto moral Es un individuo dotado de conciencia moral, un ser concreto capaz de tomar decisiones y responsabilizarse Motivación o intención Todo acto moral encierra una motivación consciente, le asiste un por qué. La intencionalidad entrega el carácter de bueno o malo a un acto moral Fin del acto La conciencia moral del sujeto le permite proyectar el fin de sus actos, estar consciente de sus posibles consecuencias y evaluarlas antes de realizar el acto. Toma de decisión Capacidad del sujeto moral de actuar por sí mismo, es la manifestación explícita de su autonomía. Se expresa en su decisión su voluntad y responsabilidad conforme a lo que cree como mejor alternativa. Medios Toda acción moral involucra medios para alcanzar el fin deseado. Los medios deben evaluarse como realidades que también están sujetas a la valoración moral, de allí que haya medios inaceptables moralmente. Las circunstancias Corresponden a las situaciones que rodean el acto moral y contribuyen a la valoración del acto moral.


💡 Conclusión

En conclusión, este documento ha explorado dos dimensiones esenciales de la ética: “Actos del Hombre y Actos Humanos” y “La Moral como una Actividad Racional y Voluntaria”. En la primera sección, hemos diferenciado los actos humanos, impulsados por la razón y la voluntad, de los actos del hombre, que surgen de manera instintiva. La libertad y la responsabilidad moral han emergido como elementos cruciales en la comprensión de nuestras acciones, destacando cómo la conciencia, la razón y la voluntad guían nuestro actuar ético. La segunda sección ha profundizado en la conciencia como una capacidad de conocimiento y juicio, subrayando su papel antes y después de un acto. Se ha abordado el concepto de criterio moral, la conciencia errónea y los diferentes tipos de conciencia. Esta sección ha proporcionado una visión integral de cómo evaluamos éticamente nuestras acciones y asumimos responsabilidad por ellas. Posteriormente, nos sumergimos en la influencia de los hábitos en la configuración de nuestra naturaleza, destacando cómo estos pueden acercarnos o alejarnos de nuestro fin propio. La adquisición de hábitos, ya sean virtuosos o viciosos, se revela como una construcción constante a través del ejercicio repetido de actos. Finalmente, se presentó la estructura del acto moral, examinando elementos clave como el sujeto moral, la motivación, el fin del acto, la toma de decisión, los medios y las circunstancias. Esta estructura proporciona un marco holístico para analizar la complejidad de cada acto moral, resaltando la interconexión entre lo subjetivo y lo objetivo.



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📚 Fuentes y lecturas recomendadas

  • Sánchez Vázquez, A. (1978). Ética, la estructura del acto moral. Barcelona.

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