📌 En síntesis: Distinción conceptual entre ética y moral: el origen de las normas de convivencia, relación con el ordenamiento jurídico y responsabilidad ciudadana.
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Introducción Imagínate que estás en un barco con cinco personas, una de las cuales tiene mucho sobrepeso. Durante una tormenta, el barco, de baja altitud, comienza a dejar ingresar agua. Si las cosas continúan así, todos se ahogarán. Sin embargo, si arrojas por la borda a la persona con sobrepeso, las otras 4 personas -incluyéndote a ti- sobrevivirán. ¿Lo arrojas fuera del barco por un bien superior o dejas que todos se mueran? Quizás no estamos todos los días frente a dilemas éticos de esta categoría, pero lo cierto es que muchas veces durante el día realizamos decisiones éticas cuyas consecuencias afectan nuestras vidas y las de los demás. En ella se encuentran principios como la libertad, la conciencia, la voluntad, las virtudes, etc., conceptos que muchas veces usamos de manera coloquial, pero que, sin embargo, tienen un rico significado y mucha importancia conocerlos en lo teórico y en lo práctico para tomar mejores decisiones. Porque la ética no solo afecta nuestras acciones cotidianas, sino que también afecta nuestra vida laboral y cómo nos relacionamos en ella. La comprensión de la ética y su influencia en la vida humana se sumerge en un vasto espectro de corrientes filosóficas, cada una con sus propios fundamentos antropológicos. En el contexto de este curso, nos enfocaremos primordialmente en la perspectiva de de Aquino, un erudito religioso, filósofo y teólogo nacido en el siglo XIII, cuyas enseñanzas han dejado una huella indeleble no solo en nuestra institución educativa, sino también en numerosas escuelas y universidades católicas en todo el mundo.
Tomás de Aquino, profundamente influenciado por el pensador griego Aristóteles, se erige como el punto de partida de nuestra exploración ética. Este encuentro inicial con las obras éticas de Aristóteles, especialmente su obra “Ética a Nicómaco”, revela un interés educativo fundamental. Aristóteles, al escribir para su hijo, establece un vínculo entre la ética y la capacidad humana de discernir entre lo correcto e incorrecto. La perspectiva tomista define a la persona como “lo más perfecto en toda la naturaleza, el ser subsistente en la naturaleza racional”. Esta naturaleza racional, que nos distingue como seres humanos, nos concede dignidad, derechos y deberes, pero también nos introduce en el reino de la libertad y la responsabilidad. La ética, por lo tanto, se convierte en una dimensión esencial de nuestra experiencia, ya que somos responsables de nuestras acciones, susceptibles de calificarse como buenas o malas. En éste primer apunte se abordará la base tomista de la ética. Iniciaremos con un análisis de las enseñanzas de de Aquino y su conexión con Aristóteles. Luego, exploraremos la definición de la persona, su libertad y responsabilidad ética inherente. A continuación, nos sumergiremos en la esencia de la ética, destacando su carácter práctico y su estudio sistemático que establece criterios éticos. En una segunda parte, exploraremos la distinción entre ética y moral, utilizando las reflexiones de la filósofa Adela Cortina. Este análisis nos ayudará a comprender cómo la ética trasciende la moral al ser una reflexión más profunda y filosófica de nuestras acciones prácticas cotidianas. Concluiremos examinando la ética aristotélica, centrándonos en la ética de la virtud. Exploraremos cómo Aristóteles aborda la felicidad como el bien supremo y la importancia de actuar virtuosamente para alcanzar la eudaimonia. Además, discutiremos el concepto aristotélico del “justo término medio” y la necesidad de prudencia para orientar nuestras acciones éticas.
- Base tomista de la ética: inspiración en Santo Tomás de Aquino Existen diversas corrientes filosóficas que abordan la ética, cada una con fundamentos antropológicos distintos. Para el presente curso, la principal fuente será la perspectiva de de Aquino, un religioso perteneciente a la orden de los dominicos, filósofo y teólogo que nació en 1225 y murió en 1274. Sus enseñanzas lo hacen digno merecedor no solo de nuestra casa de estudios, sino también de numerosas escuelas y universidades católicas a lo largo del mundo. En su vida podemos presenciar su doctrina, se dedicó a amar la verdad y el bien por encima de todo. Tomás de Aquino fue un estudioso del filósofo griego Aristóteles, de hecho, su primer encuentro es leyendo y estudiando sus obras éticas, comenzando por su obra “Ética a Nicómaco”. Obra que Aristóteles le escribe a su propio hijo para que le ayudase a discernir entre lo que corresponde o no hacer en la vida. En su Suma Teológica I (1265), Tomás define a la persona como “lo más perfecto que hay en toda la naturaleza, o sea, el ser subsistente en la naturaleza racional” (q. 28, a.3 in c). Esta vida racional, que nos especifica como personas, no solo nos hace poseedores de una dignidad inalienable y sujetos de deberes y derechos, sino que nos introduce en el mundo de la libertad y de la responsabilidad. En efecto, ser de naturaleza racional nos permite “ser dueños de nuestros actos”, de ahí que cada persona, por el mero hecho de serlo, posee una dimensión ética.
La ética constituye una dimensión esencial de la experiencia humana, puesto que somos responsables de nuestras acciones, las cuales podemos calificar de buenas o malas. De ahí la importancia de que compartamos definiciones de ciertos conceptos mínimos para guiar nuestras conductas, como son lo bueno, lo malo, lo justo o lo injusto. De ahí entonces, podemos decir que la reflexión de la ética tiene su origen desde las acciones de la vida: es práctica, pero no por ello de ja de ser un estudio sistemático que nos permite comprender y establecer ciertos criterios éticos. El término “ética” tiene su origen etimológico en el griego “ethos”, que se traduce como modo de ser o costumbre. Adquiere un significado práctico al referirse al modo de ser que las personas eligen a través de sus acciones. Aristóteles, en su obra “Ética a Nicómaco”, destaca que el estudio de las acciones humanas no solo tiene una dimensión teórica, sino también práctica, ya que la virtud debe estudiarse para comprenderla y, a su vez, para cultivar la virtud. Por lo tanto, la ética se presenta como una ciencia normativa, como veremos a lo largo de este curso. El ser humano es un sujeto ético por naturaleza, la cual se demuestra en su capacidad de ser libre para darle sentido a su vida. Aunque dicha libertad conlleve una responsabilidad tanto consigo mismo como con los demás en un ámbito social. Puesto que el ser humano es social y libre se hace necesaria una dimensión ética. Somos libres por naturaleza de tomar nuestras propias decisiones, pero toda acción que realicemos libremente tiene una consecuencia de la cual debemos hacernos responsables. De ahí que la ética sea esencial para lograr el bien común de la sociedad. Como hemos dicho, la ética no solo es teórica, también es práctica, eso nos ayuda encontrar una mejor manera de vivir, de hecho, para Aristóteles no basta con vivir en comunidad, sino que se debe buscar el buen vivir en sociedad.
A continuación, una selección de textos de la filósofa Española Adela Cortina, quien nació en España el año 1947 y que ha dedicado su vida a la filosofía moral. Este texto nos ayudará a comprender la diferencia entre la ética y la moral, que muchas veces solemos usar como si fuesen exactamente una y la misma cosa: Empezaré por algo más inicial todavía, que es la distinción entre moral y ética, que se hace en filosofía de muy distinta manera, pues a mí me parece que es importante ponerse de acuerdo desde el comienzo acerca de en qué sentido va a ocupar la persona que habla los términos ‘moral’ y ‘ética’. Entiendo que moral y ética, desde el punto de vista etimológico, significan lo mismo, porque a fin de cuentas ética viene del griego ethos, y moral del término latino mores, y los dos vienen a querer decir “costumbre” o “carácter”, y en este sentido, tanto la moral como la ética se ocuparían del carácter de las personas, de las organizaciones y de los pueblos. Pero creo que en filosofía necesitamos distinguir entre dos niveles de reflexión y dos niveles de lenguaje a los que podemos asignar los nombres de moral y ética, como podríamos asignar otros, pero creo que estos dos nos son útiles. Necesitamos dos niveles de reflexión y lenguaje; uno de ellos se mueve en el nivel de la vida cotidiana, y el segundo en el nivel de la reflexión filosófica. La moral, entonces –y ésta es una definición absolutamente convencional– se referiría al ámbito de la vida cotidiana, en el que siempre, en todos los pueblos, ha habido algún tipo de conciencia moral, porque todos han entendido que debían hacerse cosas, que había cosas que eran mejores que otras y que, por lo tanto, habría algunas normas o algún sentido de la felicidad que habría que seguir. Yo estoy totalmente de acuerdo con la reflexión kantiana en que la moral pertenece a la vida cotidiana, que la ha habido desde siempre, que no la han inventado los filósofos, aunque evidentemente la filosofía ha tenido también influencia en las reflexiones de la vida cotidiana.
La ética sería la filosofía moral, es decir, aquella parte de la filosofía que se ocupa de la moral, de la misma manera que hay una filosofía de la ciencia, o hay una filosofía del derecho, o una filosofía de la religión. La filosofía de la moral, o ética, tendría a mi juicio tres tareas fundamentales, y esto lo vine defendiendo desde mi libro Ética mínima, que es el primero de los libros emblemáticos que escribí. Entiendo que la ética tiene tres tareas con respecto a la moral: en primer lugar, aclarar en qué consiste el fenómeno de lo moral, que no es pequeña tarea. En segundo lugar, tratar de fundamentar la moral; es decir, tratar de dar razón de la moral, decir por qué hay y por qué debe haberla o si no existe ninguna razón, decir por qué no existe. Y, en tercer lugar, tratar de aplicar lo que se ha ganado en el proceso de fundamentación a la vida cotidiana. Tres tareas que me parece que son imprescindibles para la filosofía moral, o ética, en relación con su objeto, que sería precisamente la moral. (Cortina, 2003). En definitiva, la moral son las acciones prácticas que forman parte de nuestra conciencia, mientras que la ética es la reflexión de dicha moral. Por ejemplo, en Chile casi todo comienza cinco minutos tarde, nuestra conciencia moral parece que nos permitiese llegar tranquilamente a todo atrasados. Pero lo ético sería realizar una reflexión de por qué aquello es responsable o irresponsable.
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La ética y su relación con las leyes y las costumbres La concepción común de la moral la percibe como un conjunto de normas que nos dictan qué acciones realizar y cuáles evitar. Sin embargo, surge la interrogante cuando estas normas entran en conflicto. Determinar qué es lo correcto no siempre es tan sencillo como seguir una regla, lo cual cuestiona la naturaleza de la autoridad moral, un tema central en ética. Aristóteles, por su parte, sostenía que la ética tiene su inicio en normas. Para él, los conflictos entre normas nos desafían a pensar por nosotros mismos, considerando la moral como el ejercicio de la recta razón. Aunque negaba que las normas morales fueran absolutas o permanentemente vinculantes, no rechazaba la idea de normas generales o pautas de comportamiento. La dicotomía entre seguir o no seguir las reglas es inculcada en la mayoría de las personas desde la infancia, proporcionándoles un marco para discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Sin embargo, a medida que las personas crecen, la experiencia les revela la dificultad de aplicar reglas inflexibles a situaciones específicas. En estas circunstancias, las reglas morales pueden entrar en conflicto entre sí o seguir una regla moral puede tener consecuencias perjudiciales. De ahí que la moral debe trascender las simples reglas de la infancia. Los filósofos no concuerdan completamente sobre si la moral se basa en reglas. Aristóteles argumentaba que la toma de decisiones morales no siempre implica aplicar una regla y que, con frecuencia, es necesario emplear la razón y el juicio. Las reglas son útiles hasta cierto punto, ya que la mayoría de los juicios morales dependen del contexto específico de cada situación.
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La ética Aristotélica La ética de la virtud, también conocida como la teoría aristotélica de la moral, se centra en la idea de que una persona virtuosa es aquella que sabe lo que está bien, realiza acciones correctas y lo hace por las razones adecuadas. Para Aristóteles, la razón desempeña un papel central en la ética de la virtud, ya que considera que nuestra capacidad para razonar nos distingue de otros seres vivos. Al parecer, solo los seres humanos tienen la capacidad de discernir entre su situación actual y lo que son, y la dirección que deben tomar y lo que deben ser. La verdadera función y propósito de la humanidad, según Aristóteles, es ejercer la razón mediante la acción, es decir, practicar las virtudes (hacer lo que sabemos que debemos hacer) en cada acto. El fin de la vida del ser humano, según Aristóteles, es la felicidad, el bien supremo, entre todos los bienes que podemos alcanzar. A diferencia de Santo Tomás, para el cual el bien completo del hombre solo se encuentra en Dios. Por lo que actuar virtuosamente es hacer que nuestros actos nos permitan lograr nuestro propósito en la vida, es decir, lograr, como diría Aristóteles, la eudaimonia o la felicidad, la cual no consiste solo en experimentar placer, sino que es necesario actuar conforme a las virtudes a lo largo de la vida. Aristóteles aborda el eudemonismo señalando que todo ser natural tiende a la actualización de lo más propio y esencial y, para el ser humano, el bien supremo implica actuar de manera racional, tanto en el decir como en el hacer o el actuar.
Aristóteles así lo dice: Todas las cosas obtienen su forma perfecta cuando se desarrollan en el sentido de su propia excelencia […] Busquemos, pues, aquello que es propio sólo del hombre. Hay que dejar de lado, por tanto, la vida en tanto que es nutrición y crecimiento [puesto que ésta es propia también de los vegetales]. Vendría después la vida en cuanto sensación; sin embargo, ésta la compartimos también con el caballo, el buey o cualquier otro animal. Así que sólo queda, finalmente, la vida en cuanto actividad de la parte racional del alma. […] El bien supremo alcanzable por el hombre consiste en la actividad constante del alma conforme a su excelencia característica, [su racionalidad]. (Ética a Nicómaco, I, 6 y 7). Para llevar una vida racional, es esencial aprender a gestionar de manera adecuada nuestros deseos y pasiones, procurando satisfacerlos de manera “justa” sin caer ni en excesos ni en carencias. La parte racional de nosotros mismos debe encontrar un equilibrio, un “punto medio” entre el exceso y el defecto al responder a las demandas del cuerpo y del alma. Ante la cobardía y la temeridad, debemos actuar con valentía; frente al despilfarro y la tacañería, optamos por la generosidad; en lugar de desvergüenza o timidez, buscamos la modestia; y así sucesivamente. Aristóteles vincula la “virtud” con el “hábito” de actuar conforme al “justo término medio” entre dos actitudes extremas, que él denomina “vicios”. La virtud se manifiesta cuando la voluntad ha cultivado el “hábito” de actuar “correctamente”, evitando tanto el exceso como la carencia. Podemos compararlo con el uso de analgésicos: si tenemos dolor de cabeza, tomar una o dos pastillas de paracetamol lo puede aliviar, pero tomar diez podría resultar perjudicial e incluso mortal. En nuestras acciones, debemos considerar un equilibrio, ya que todo en exceso o en ausencia puede tener consecuencias negativas.
Actuar de acuerdo con el “justo término medio” o la “virtud” requiere de una sabiduría práctica específica, a la que Aristóteles denomina “prudencia”. Sin esta prudencia, nuestras acciones estarán inevitablemente inclinadas hacia el exceso o la carencia, es decir, hacia el “vicio”. Así lo dice el mismo Aristóteles: La virtud es un hábito [o disposición adquirida] de la voluntad consistente en un término medio en relación con nosotros; término medio que es determinado racionalmente por una regla recta aquella por medio de la cual lo determinaría un hombre dotado de sabiduría práctica. (Ética a Nicómaco, II, 6, 1106b 3-6)
💡 Conclusión
En el dilema introductorio hemos abordado la reflexión ética al imaginar una situación hipotética en la que, durante una tormenta en un barco, surge la posibilidad de salvar a la mayoría arrojando por la borda a una persona con sobrepeso. Este escenario extremo se utiliza como punto de partida para introducir la idea de que, aunque no enfrentamos dilemas éticos tan intensos todos los días, nuestras decisiones éticas cotidianas tienen un impacto significativo. Luego, exploramos la base tomista de la ética, con un enfoque en de Aquino y su conexión con Aristóteles. Se destaca la definición de la persona como “lo más perfecto en toda la naturaleza” debido a su naturaleza racional, lo que otorga dignidad, derechos y deberes. Subrayando la importancia de la libertad y la responsabilidad ética inherente a esta naturaleza racional. La distinción entre ética y moral la abordamos mediante las reflexiones de Adela Cortina, señalando que la ética va más allá de la moral al ser una reflexión más profunda y filosófica de las acciones prácticas cotidianas. Posteriormente, exploramos la ética aristotélica, centrada en la ética de la virtud. Destacando que una persona virtuosa sabe lo que está bien, realiza acciones correctas y lo hace por las razones adecuadas. El documento también considera la relación entre ética, leyes y costumbres, planteando que la moral se basa en normas, pero los conflictos entre estas normas desafían a pensar y razonar por uno mismo. La toma de decisiones morales no siempre implica seguir reglas, y Aristóteles sostiene que la ética comienza con normas, pero requiere razonamiento y juicio en situaciones específicas. En resumen, el documento proporciona una perspectiva integral sobre la ética, abordando dilemas éticos, la base tomista de la ética, la distinción entre ética y moral, la ética aristotélica y la relación con leyes y costumbres.
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📚 Fuentes y lecturas recomendadas
- Aristóteles. (2014). Ética a Nicómaco. Gredos. Cortina, A. (2003). Ciclo de conferencias de la profesora Adela Cortina en la Universidad de Chile. https://cyberhumanitatis.uchile.cl/index.php/ RCH/article/view/5706/5574 de Aquino. (2010). Suma teológica I. Biblioteca de autores cristianos.





